Cursó estudios secundarios en
el Colegio Nacional de Buenos Aires. Ingresó a la Facultad
de Ciencias Médicas como estudiante de Medicina; cambió por
Farmacia donde obtuvo el título de farmacéutico en 1896, y
el de doctor Honoris Causa, otorgado por el Consejo Superior
Universitario, el 19 de septiembre de 1919.
Fue miembro de número en la
Academia Nacional de Medicina. A su muerte ocupó su sitial
Nº 30 uno de sus biógrafos, el doctor en química Venancio
Deulofeu.
En 1898 y 1899 fue jefe de
trabajos prácticos en la cátedra de Química cuyo titular era
el eminente profesor Pedro N. Arata, tal vez inspirador de
Domínguez en su vocación por la Fitoquímica.
Fue en 1898 cuando comenzó a
formar su herbario particular. En 1899 partió de Buenos
Aires por un lapso de diez meses. Bosques, pampas, valles y
montañas, con su
En su paso por Córdoba trabó
relación con el destacado botánico alemán Federico Kurtz,
quien lo orientó en el arte de herborizar, y quien clasificó
las colecciones que Domínguez había reunido en su viaje.
Este encuentro fue el punto de partida del herbario del
Museo de Farmacología de la Facultad de Ciencias Médicas de
la Universidad de Buenos Aires y actual Museo de
Farmacobotánica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica y
que se identifica internacionalmente con la sigla BAF
(Buenos Aires Farmacia).
A lo largo de su trayectoria
desempeñó variadas actividades científicas y docentes,
algunas dignas de destacar: en 1909 estuvo a cargo de la
cátedra de Química Analítica. En ella propuso a Luis Rossi
como ayudante, esto quizá marcó el inicio de la brillante
carrera de Rossi.
En 1910 reemplazó al doctor
Angel Gallardo, profesor de Zoología en la Facultad de
Ciencias Médicas.
En 1913 fue nombrado profesor
titular de Farmacognosia, al retirarse el doctor Juan A.
Boeri.
El 22 de octubre de 1918 el
Poder Ejecutivo designó a Domínguez en el cargo de
presidente de la comisión para el estudio de la flora
argentina. Integraban esta comisión Angel Gallardo, Eduardo
Holmberg, Cristóbal Hicken y Angel Lillo.
En 1919 Domínguez fue designado
profesor de la cátedra de Farmacología Argentina y
Fitoquímica, curso obligatorio para acceder al doctorado en
Bioquímica y Farmacia, creado ese año. Este curso reemplazó
al curso especial de Botánica, implantado dos años antes con
carácter transitorio, y que estaba a cargo de Cristóbal M.
Hicken.
Volcó en sus numerosas
publicaciones científicas las experiencias obtenidas en sus
ininterrumpidas observaciones e investigaciones.
Comenzó en 1900 con el estudio
Farmacológico de la goma llamada brea y siguieron entre
otras: Notas sobre Tagetes glandulifera Cehr. (1901).
Estudio micrográfico de medicamentos simples de origen
vegetal (1902); incluye 80 preparados con su descripción.
Datos para la Materia Médica Argentina (1903), obra que
fuera distinguida, aún inédita con el premio Félix de Azara
en 1901 y la Serie de Trabajos del Museo de Botánica y
Farmacología, sobre investigaciones fitoquímicas en plantas
indígenas y naturalizadas (1904 a 1939).
Su labor constante traducida en
trabajos originales e inéditos condujo a la publicación de
su obra maestra, Contribuciones a la Materia Médica
Argentina en 1928; en esta obra además de conocimientos
científicos y empíricos, incluyó abundante información sobre
los investigadores de la época de la conquista y
colonización de América, crónicas de sus viajes y datos
sobre la medicina aborigen. Esta obra mereció el Primer
Premio Nacional de Ciencias.
La brillante actuación de
Domínguez en las investigaciones fitoquímicas se troncharon
en 1929, a consecuencia del accidente que tuvo al rodar con
su caballo. Al reanudar su producción intelectual volcó su
talento en conferencias y artículos sobre conocimientos de
la medicina folklórica y plantas vinculadas a costumbres
aborígenes sudamericanas: Propiedades Farmacológicas del Caa-pi
o Ayac- huasca, Notas del Folklore Americano, El Pichi y la
Hualtata, El Yara Chucchu o Quina y sus alcaloides en el
tratamiento del paludismo, entre otros.
En 1937 y 1938 publicó dos
trabajos relacionados con la medicina aborigen americana en
colaboración con el doctor Ramón Pardal.
Pasó sus últimos años al frente
de la Comisión Honoraria de las Reducciones de Indios. El 11
de octubre de 1946 recibió su última distinción, la de
Profesor Honorario.
Sus desvelos por el
conocimiento de la flora medicinal y autóctona americana no
sólo se traslucen a través de sus estudios fitoquímicos,
sino también por la creación y desarrollo del Museo de
Farmacología de la Facultad de Ciencias Médicas.
En sus comienzos el Museo fue
modesto; estaba instalado en la llamada Sala de Grados de la
Facultad. Bajo la presidencia del General Roca, y por
gestiones del diputado y profesor Angel Mujica se instaló en
el primer piso del edificio que hoy ocupa la Facultad de
Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
En 1904 el Dr. Enrique Parodi
donó al Museo las colecciones botánicas que pertenecieron al
profesor Domingo Parodi.
Posteriormente se incorporaron
los herbarios de Hassler y Rojas, del Paraguay; los de T.
Stucker, con las Gramíneas determinadas por Hackel; de la
provincia de Buenos Aires, el herbario de J. F. Molfino; los
herbarios de Bodenbender, de Galander, de Kurtz, de Fries;
el material herborizado por Venturi; el colectado por el
ayudante M.S. Pennington, quien fue enviado a Tierra del
Fuego por el Museo en 1903; y la colección de Dussen, entre
otras.
Entre las colecciones botánicas
incorporadas al Museo, durante la dirección del Dr.
Domínguez, se destaca la de drogas vegetales, en su mayor
parte autóctonas. Están presentadas en envases adecuados y
clasificadas, con las pertinentes referencias. Para esta
tarea se contó con la eficaz colaboración del profesor José
F. Molfino desde su incorporación al Museo, en 1917.
La colección de maderas, en su
mayoría troncos de especies forestales argentinas, es
considerada una de las más completas del país.
También se incorporaron
interesantes colecciones de diversa naturaleza, tales como
las de la Materia Médica Americana, estupefacientes,
etnográficas, zoológicas, mineralógicas y
paleoantropológicas, parte de estas últimas provenientes de
la colección de Florentino Ameghino.
El archivo personal de Amado
Bonpland (cartas, colecciones entomológicas, etc.) de valor
histórico notable, fue donado por su nieto en 1905. De este
archivo, los manuscritos son tema de particular interés.
Constituyen un material inédito, hoy fuente de consulta de
investigadores del país y del extranjero.
Otra de las preocupaciones de
Domínguez fue la biblioteca, básicamente formada con libros
donados o logrados por su mediación; incluye obras clásicas,
entre ellas algunas de incalculable valor y que actualmente
forman parte de su legado.
En las primeras décadas del
siglo estuvieron vinculados a la actividad del Dr. Domínguez
y del Museo personalidades de la talla de L. Hauman, C.
Hicken, E. Hassler, P. Regnier, E. Rothlin y C.C.Hosseus.
* "Los precursores de la Farmacobotánica", por José
L. Amorín