Dr. Modesto
Carlos Rubio
[
Departamento de
Farmacología. Facultad de Farmacia y Bioquímica.UBA
]
El gen de resistencia múltiple
a drogas MDR 1 codifica la llamada Glicoproteina-P (PGP)que
pertenece a la familia de las proteínas fijadoras de ATP
(ATP-binding cassette) y que contiene numerosos
transportadores. La mayoría de estas proteínas comprenden
dos dominios transmembrana. Cada uno de estos dominios tiene
6 porciones de hélices que atraviesan la membrana. El
dominio citoplasmático que fija el ATP genera energía para
el transporte a partir de la hidrólisis del mismo.
El gen MDR 1 fue inicialmente
localizado en diversos tumores y se lo señaló como el
causante de la resistencia a los quimioterápicos. Sin
embargo hoy es sabido que existe una vasta familia de estos
transportadores que funcionan como bombas de eflujo de
xenobióticos, proveyendo de una efectiva barrera de la
entrada de diversas sustancias a las células. Dada su
asociación con el fenómeno de resistencia a drogas y su
relación con la terapéutica se han desarrollado algunas
drogas para tratar de modificar su actividad y de esa forma
cambiar la sensibilidad de células tumorales a los
quimioterápicos. Podríamos decir que la primera generación
de estas sustancias utilizadas comprenden al verapamilo,
nifedipina, inmunomoduladores como la ciclosporina A y
algunos antiarrítmicos como la amiodarona y la quinidina.
También existe en estos momentos una segunda generación de
drogas que afectan la actividad de la PGP, como PSC833 (Novartis),
o el GF120918(Glaxo Smith Kline). Los sustratos que son
reconocidos y transportados por esta PGP son variados e
involucran quimioterápicos, antibióticos, drogas activas
sobre el SNC, medicamentos cardiovasculares e inhibidores
HIV. La localización de esta proteína no se circunscribe a
las células tumorales sino que se expresa en muchos tejidos
normales. Los tejidos con expresión marcada de la misma son:
el tracto gastrointestinal inferior, las células epiteliales
de yeyuno, íleo y colon; en la barrera hematocefálica y
placenta sobre la superficie luminal de las células
endoteliales de los capilares; en el hígado en la membrana
del canalículo biliar del hepatocito; en el riñón en los
túbulos proximales. También se ha encontrado en los
linfocitos CD56.
En la mayoría de estas
localizaciones podemos apreciar que esta relacionada con una
protección del organismo, ya sea para impedir el acceso al
organismo, cerebro o feto o ayudar en la eliminación de los
xenobióticos.
El ratón tiene dos genes MDR 1 (
Mdr 1a y Mdr 1 b). Los animales knokouts de uno o ambos
genes son viables y muestran que son hipersensibles a los
xenobióticos con elevada entrada de los mismos al cerebro y
alteraciones farmacocinéticas a muchas drogas. Se observa
acumulación de sustratos de PGP en hígado, cerebro e
intestino, esto implica no sólo una posible mejora
terapéutica sino también un mayor riesgo de efectos
adversos.
Numeroso polimorfismo se ha planteado en el gen MDR1.
Algunas de ellas sí se presentan en forma homozigota indica
una baja expresión intestinal. Esto se presentaría en un 30%
de la población caucásica. Este genotipo marca niveles
aumentados de digoxina en plasma por una mayor
biodisponibilidad luego de terapéuticas orales, con el
consiguiente riesgo para estos individuos.
Es conocido que la absorción, distribución y eliminación son
los mayores factores cinéticos que afectan la eficacia de un
determinado fármaco. Se ha comprobado que la PGP y otros
transportadores juegan diversos papeles en el manejo de
transportes para entrar al organismo y el tránsito entre
diversos tejidos y compartimentos.
El descubrimiento de las variaciones genéticas que
influencian la función y expresión de la PGP pueden tener un
impacto directo en la comprensión de la absorción
intestinal, o la eliminación de compuestos o en la
penetración al cerebro.
Un aspecto importante que debe considerarse es que este tipo
de transportadores representa un nuevo blanco para explicar
numerosas interacciones de drogas que hoy en día siguen
siendo uno de los aspectos más serios de la terapéutica.
Especialmente en la edad avanzada donde el número de
fármacos utilizados en estos pacientes es mayor que uno.
Estas posibles interacciones obedecen a dos tipos de
mecanismos, muy similares a los que se plantean en vías de
biotransformación. Un posible mecanismo es la llamada
presencia de substratos alternativos. Es decir dos fármacos
que pueden ser reconocidos por este trasportador y que
compiten entre sí. De esta manera el más afín y/o el que
esté en mayor concentración será tomado y transportado por
la PGP en detrimento de la otra molécula. Esta interacción
haría aumentar la biodisponibilidad del producto menos afín.
Algo similar ocurriría con sustancias inhibidoras de esta
proteína.
Por otra parte numerosas sustancias se comportan como
inductores de la PGP, en caso de producirse este fenómeno la
biodisponibilidad de este fármaco se vería disminuida, con
una mayor pérdida en materia fecal, luego de su
administración oral. Uno de los ejemplos últimamente
reportados de este tipo de interacción es el que produce el
consumo del fitoterápico Hypericum perforatum, cuyo
componente activo es la hipericina, y que se utiliza en el
tratamiento de la depresión leve. Los reportes
bibliográficos indican como la hipericina disminuye en un 81
% la concentración en el valle del inhibidor de proteasa
indinavir. Un efecto similar se observó con el
inmunosupresor ciclosporina. Los estudios revelan que la
hipericina es un inductor de la PGP, la expresión de la
misma aumenta 4 veces en las células mononucleares
periféricas.
Por todo lo expuesto podemos concluir que el conocimiento de
las características genéticas del individuo en los niveles
de PGP y de las posibles interacciones a este nivel
posibilitarían en gran medida un mejoramiento en
terapéuticas donde el mantenimiento de los niveles
plasmáticos de drogas serían críticos para la vida del
paciente.
Por otra parte el uso de inhibidores de la PGP debe ser
analizado con cuidado ya que no sólo se producirá la
inhibición del transportador de la célula tumoral sino de la
proteína del resto del organismo con la posibilidad de
facilitarse nuevas interacciones entre fármacos o en un
aumento de la sensibilidad a xenobióticos.